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Cambió de hábitos, Coca y Oreo por Manaos y Pitusas

Hace unos meses, después de insistir durante muchos años y decir que quien manejaba el kiosco lo hacía mal, ayudado por un par de vecinos y algunas solicitadas, que canalizaron como propio ese pedido de cambio, me lo entregaron, a través de mis ojos claros y experiencia en negocios noté que el kiosco se encontraba descolorido, un poco por desidia y otro poco ayudado por los empujones que le dimos para que se fueran de una vez, sabíamos que podíamos ponerlo funcionar. Para eso lo pintamos de amarillo, le pusimos globos y nos organizamos...
Un día vino Miguel y me dijo que a él no le alcanzaba para comprar una Coca-Cola, que estaba a $50... Le dije, bueno Miguel, yo sé que es fundamental la Coca-Cola en tu vida y me duele decirte que no te puedo subsidiar más como lo hacían, es más te hago este precio especial porque realmente debería estar más caro, él me dijo pero aumentó y le contesté no, "yo sinceré el precio", de onda, por más que la empresa pierda por ahora, a la Coca-Cola me la vas a pagar $50 a partir de hoy, y bueno, más adelante veremos si mantenemos el precio o seguimos sincerando, cuando vos estés mejor te voy a cobrar lo que la Coca-Cola salga en ese momento. Pero vos tranquilo, nos duele, pero no pasa nada, tengo el mejor grupo de proveedores con los que podemos formar el equipo.
Al tiempo, Miguel me dijo que, a pesar de que pagaba una Coca-Cola al precio que estaba, al ser despedido de su trabajo, ya no le alcanzaba para comprarla. Le dije, bueno Miguel, hagamos algo... para que te sea más fácil si no podés pagarla dejá de consumirla, yo te voy a dar un consejo, en tu casa tomá agua. No es necesario que trabajes para mí, andá a buscar trabajo al sector privado, eso te ayudará a salir adelante. Vos estudiá, progresá, trabajá y el día que estés mejor, bueno, veamos como volvés a consumir.
Pasó el tiempo y Miguel como tantos otros buscaba trabajo, había poco y en muchos lados él no estaba calificado, pero los planes de estudios para gente como Miguel habían sido cancelados, consiguió un empleo cobrando un monto por debajo de lo que necesitaba, pero era imperioso trabajar, la alegría de ser papá se apagaba a la hora de hacer las cuentas, con el trabajo tampoco le alcanzaba para la coca, así que decidí ayudarlo con otro consejo, no uses mucha agua, tampoco gas ni luz, no vas a poder pagarlos, sabés como me siento con esto, me duele, pero este es el valor que tienen que tener, vos pagabas poco, en otros lugares pagan más que vos,  este es el precio para estar mejor, no sentís la felicidad? gastá menos de lo que cobrás y con lo que te sobra comprame la coca. Un día vino Miguel de nuevo y me dijo: sabés que mi mujer no tiene trabajo y no nos alcanza para nada. Listo, Miguel... no hay drama. Voy a ver que podemos hacer con mi equipo para ser felices, alguna máquina de billetes o alguna ley debe haber, nahhh mentira vos olvidate de la coca...
Entonces, la Coca-Cola cobraba lo que quería, los servicios eran caros y se suponía que se convertirían en los mejores, aún no pero ya lo serían. Los ayudé mensualmente a incrementar los precios, tambien aprovechamos y hablamos con los transportes, la comida... en la junta vecinal hablamos con los verduleros, los supermercadistas y armamos una gran empresa barrial, me eligieron CEO, hice negociaciones, les quité impuestos y retenciones sin pedir nada a cambio, bueno nada es una forma de decir, todos los arreglos pasaban a depender de Miguel y sus vecinos, son ellos los que piden mejoras entonces ellos deben pagarlas, nosotros estamos para administrar solamente...
Lamentablemente, Miguel siguió sin progresar... el trabajo que le ofrecieron no era de calidad, Coca Cola seguía despidiendo gente y algunos vecinos querían frenar esto, que le cueste un poco más echar gente, pero eso no generaba trabajo así que me opuse, y ahí me di cuenta, ellos no tenían un asesor en felicidad como nosotros, por eso Miguel no sonreía, a decir verdad había muchos sin sonreir. A mí, en cambio la felicidad me desborda, despues de 5 meses el kiosco se me mantiene en pie, me vino a visitar el distribuidor de golosinas del norte, pagué todas las deudas, obviamente Miguel no lo imagina pero lo hipotequé a él, su mujer, sus hijos y tal vez sus nietos a pagar una deuda que mi equipo y yo habíamos contraído en otros tiempos, aprovechamos para sacarnos el peso de encima, bah realmente es el peso de Miguel, debería estar agradecido. Al pasar tan poco tiempo de administrarlo no tengo deudas con todo el mundo perohay tiempo aún, los buitres como saben que Miguel y los demás tienen potencial todos quieren prestarnos, total si caemos siempre habrá gente como uno que pague sin chistar... 
Y bueno, yo no me canso de dar consejos, todos vienen a verme, vamos a trabajar para llegar a la pobreza cero y ser felices, no podría hacer más por Miguel y los suyos, lo que a mi me importa es que el kiosco funciona... Los proveedores están contentos, ganan mucho dinero con nosotros, obvio si somos todos del mismo equipo, también Miguel es parte del engranaje, ya le va a tocar, cuando los de arriba estemos bien él también lo va a sentir, eso si, para preservar su trabajo es necesario que cobre lo mínimo, porque él es un costo, ahora lo sabe, es una válvula de ajuste, la inflación tiene que  sobrellevarla en sus hombros no como los proveedores que pueden recuperarla, el kiosco crece, lo poco que le sobraba a Miguel y los demás vecinos queda en mi cajita, esto es lo que llamo saber administrar. Obviamente, la Coca-Cola hoy se vende a $65, Miguel cambió de hábitos ya sabe que es pobre y no debe aspirar a más, esos años del dueño anterior le hicieron vivir una realidad que no era la suya, el bienestar no era tener trabajo, cobrar buenos sueldos y gastarlo en cosas que no eran de primera necesidad, el consumo popular, él no había sido educado, ahora que no puede derrochar porque todo le cuesta mucho más caro sabe lo que es importante. 
Obviamente, Miguel se enojó, viene a todo acto contrario a nosotros frente al kiosquito, recién van 5 meses, pero con un poco de ayuda, y mostrando mis ojos celestes al barrio, en poco tiempo muchos se van a olvidar del esfuerzo que les hice hacer y creerán que esta es la verdadera revolución, nosotros ya habremos hecho la diferencia, pobre Miguel, él sabe que me duele.
Miguel y los demás están peor de lo que estaban, lo bueno es que gracias a la forma que tenemos de comunicarnos nadie se da cuenta, y por el momento seguimos administrando el kiosco.

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